LANZAROTEÑOS
POR EL MUNDO (II)
Antonio María Manrique, un lanzaroteño de adopción
Algunos
aspectos biográficos
Hijo de Antonio María Manrique
(Tetir-Fuerteventura) y de María Saavedra (La Laguna-Tenerife), Antonio María
Manrique y Saavedra nació en Tetir el 10 de septiembre de 1837. Poco se sabe de
su infancia y adolescencia, salvo que en las Islas debió cursar sus primeros
estudios
1,
los cuales, a partir de julio de 1856, le permitieron desarrollar buena parte
de su carrera docente en Hispanoamérica, concretamente en Cuba y Venezuela. En
este último país, además, tomó parte en la Guerra Federal de 1859 a favor del
bando del presidente conservador Julián Castro, enfrentado a los sublevados
liberales de Ezequiel Zamora.
Tras esta aventura, volvió una
vez más Manrique a las Antillas, en esta ocasión a Santo Domingo, donde de
nuevo volvió a verse envuelto en guerrillas civiles, muy probablemente en el
lado de los enemigos de Pedro Santana, apoyados por los Estados Unidos, país al
que pronto marchó el joven viajero a aprender inglés.
En 1864 terminó su periplo
hispanoamericano y regresó a Canarias, donde logró ampliar su formación
académica
2
mientras compaginaba su labor docente entre Las Palmas y Puerto Cabras. Tras
contraer matrimonio con su primera esposa, Francisca Ramírez de Vega (natural
de Gran Canaria), ingresó en la Escuela de Náutica, aunque pronto la abandonó
para titularse como notario en una escuela de Madrid.
Provisto entonces de una nueva
profesión, se trasladó a Valverde (El Hierro), donde permaneció desde 1871
hasta 1875, momento en que fijó su residencia definitiva en Lanzarote, lugar en
que, además de titular de su propia notaría, ejerció como maestro, llegando a fundar
un centro de enseñanza primaria y secundaria.
Habiendo enviudado en 1881,
volvió a contraer matrimonio en abril de 1882 con María Dolores Suárez
Travieso, de Tías (Lanzarote).
Ese mismo año, organizó
Manrique una expedición a Puerto Cansado con la colaboración de la Sociedad
Democracia de Arrecife y de la Sociedad de Pesquerías Canario-Africana (Sáenz
Melero 2005). Su objetivo era el de cartografiar la zona para demostrar a las
autoridades españolas que la misma se correspondía con los límites de Mar
Pequeña, territorio que, según el Tratado de Was Ras, pertenecía a la Corona
española y que, como había advertido el de Tetir, podría haber permitido el
desarrollo del banco pesquero canario-sahariano. Sin embargo, al final su
localización quedó fijada por el gobierno español en el perímetro y fronteras
del enclave de Ifni, lo que echó por tierra todas las expectativas de un
dominio español de la zona más cercana a Lanzarote, esto es, Puerto Cansado
(Montelongo Franquiz y Falero Lemes 2000: 186).
En 1888, y de nuevo movido por
su preocupación por aumentar los recursos industriales de Lanzarote, solicitó
al Gobierno de España los permisos necesarios para poblar la isla de La
Graciosa e impulsar una entidad pesquera con que mejorar la economía isleña, lo
que no parece que se llegara a producir, a pesar de que algunos investigadores
(de La Hoz 1961, Muñoz Jiménez 1980, Pérez Hernández 2004, Sáenz Melero 1990)
hayan expresado lo contrario
3.
Consciente de que la zona de
Puerto Cansado ya no sería recuperada por España, en 1902 la persistente
creencia de Antonio María en la potencialidad de la pesca para promover el
desarrollo económico le invitó a plantear, esta vez en la madrileña revista La
Vida Marítima, un nuevo proyecto de establecimientos de pesca en Puerto
Naos (Arrecife).
Diversas fuentes refieren,
además, que Manrique estuvo enrolado en al menos tres barcos de la Armada
Española -insinuándose incluso que para evitar el cumplimiento del servicio
militar ordinario-; sin embargo, se percibe en aquéllas un alto grado de
confusión que, inexcusablemente, demandan una verificación de estos hechos en
los archivos de la institución del Ejército.
En sus últimos años de vida,
refiere de La Hoz (1961: 5) que Antonio María Manrique recibió en Madrid un
homenaje por su labor africanista y su colaboración en defensa de las
pesquerías canarioafricanas, y que, tal vez por estos mismos motivos, en 1902,
y a propuesta de Antonio Maura, se le consideró merecedor al honor de Caballero
de la Real Orden de Isabel la Católica
4; sin embargo, mucho antes de esta
fecha ya había señalado Galindo (1895: 1) que «al señor Manrique le convino más
renunciarla atentamente, como lo hizo, desde que tuvo conocimiento de la
concesión».
Por otra parte, también apunta
Galindo (1895: 1) que Manrique «hizo una revolución en España con sus escritos,
en defensa de los intereses de la nación y muy especialmente de Canarias,
siendo preciso que el entonces Capitán General del archipiélago, señor Weyler,
le rogase depusiese de su actitud demasiado peligrosa»; no obstante, no ofrece
el célebre cronista más justificación a esta prerrogativa que la aquí
reproducida.
En cualquier caso, y de ser
cierto lo recogido por éste último en su semblanza sobre Manrique, debió ser el
de Tetir una persona muy vinculada a la Corte, pues
durante
la cuestión de Mar Pequeña tuvimos ocasión de ver algunas cartas del Duque de
la Torre, del ex ministro señor Carvajal, del Vizconde de Campo Grande, del Marqués
de la Candia y de varios centros científicos. También hemos visto una obra con
autógrafos de la señora Duquesa de Alba, dedicada a D. Antonio María Manrique.
(Galindo 1895: 1).
Tampoco han podido confirmarse
algunos méritos que los cronistas han adjudicado a Antonio María. A los ya
expuestos, añade Galindo (1895: 1) que «el señor Manrique es notario de la
Universidad Central de Madrid
5, e individuo de varias sociedades
científicas en el extranjero», que «se la ha concedido últimamente el diploma
de miembro honorario del Instituto Heráldico de Italia», y que «en 1887 fue
nombrado vocal de la Mesa del Congreso Español de Geografía Mercantil y
Colonial celebrada en Madrid
6».
Finalmente, falleció Antonio
María Manrique en Arrecife de Lanzarote el 27 de enero de 1907.
Manrique y sus colaboraciones en la prensa
Como buena parte de los
intelectuales y creadores de su época, Antonio María Manrique se sirvió de la
prensa
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para defender y contrastar muchas de sus opiniones, así como para publicar
buena parte de sus composiciones literarias, si bien es cierto que, en
numerosas ocasiones, llevó a imprenta en formato de libro buena parte de sus
investigaciones, propuestas y composiciones. En efecto, como ha demostrado
Sáenz Melero (1990: 40-41), la labor periodística del de Tetir fue sumamente
prolija. Así, en Lanzarote, participó como colaborador y fundador de los
periódicos locales
El Horizonte, Lucero del Alba, La Legalidad, Lanzarote,
La Voz de Lanzarote y
Cronista de Arrecife. En el resto del
archipiélago escribió asiduamente en publicaciones periódicas como
La Aurora
de Fuerteventura, El Atlántico, La Defensa, Diario de Tenerife, Fénix Palmense,
La Opinión, Revista de Canarias, La Solución o
Unión Conservadora,
entre otras. También a la Península llevó Manrique su voz a través de diversas
revistas especializadas
: Vida Marítima, Revista España, y
Revista de
pesca marítima. Y en La Habana vieron la luz colaboraciones suyas en
Mundo,
Diario de La Habana y
Diario de la Marina.
A pesar de que la compilación
y estudio de estos trabajos resulta aún insuficiente, las indagaciones hasta
ahora realizadas (Pérez Hernández 2004; Rodríguez Álvarez y Sáenz Melero, 2008)
permiten enunciar al menos los principales temas por los que el de Tetir sintió
especial predilección: la historia y geografía de Canarias, África y América;
las pesquerías canario-africanas y las técnicas de pesca y navegación; la
dilucidación etimológica; la educación; los más diversos asuntos de la
legislación española; los más variados aspectos de la política nacional; y, por
supuesto, los más acuciantes problemas de la realidad insular del momento,
especialmente de Lanzarote y Fuerteventura.